Ray Bradbury

Ray Bradbury Caleidoscope

Ray Bradbury Caleidoscope

Este dibujo podría llamarse ‘Caleidoscopio’, en honor al cuento de Ray Bradbury que tenía en mente cuando lo hice (viene en El hombre ilustrado). Un equipo de astronautas tiene un accidente en la órbita terrestre, su nave explota y salen expelidos hacia diferentes rumbos: uno hacia la luna, otro al espacio profundo, y un tercero (creo que eran tres, es que lo leí de adolescente) a la Tierra. Al principio puede hablar con sus compañeros, pero poco a poco va perdiendo contacto. Mientras cae piensa en su vida, un poco comida de tarro. Al final entra en la atmósfera y se desintegra, formando una suerte de estrella fugaz. Desde la superficie, una niña y su madre ven la estela, ilusionadas: “¡Pide un deseo!”

Precisamente hace unos días estaba comentando con @davidyaguec esto:

(Siempre hay ocasión de recomendar Bravo Tango Siete) Y dos días después, el querido Bradbury se ha ido de este mundo.

Ha sido un escritor muy querido, fue de los primeros autores, si no el primero, que seguí. Me inició mi hermano Sergio, que se había comprado para el bachillerato Crónicas Marcianas. Inolvidable experiencia; luego fui a por los otros: El hombre ilustrado, El país de octubre… todos editados por Minotauro, en esas ediciones baratas de pastas de cartón y con dibujos minimalistas en la portada. En la Feria del Libro de Ocasión de Madrid acabo de ver varios.

Cuando comencé a hacer cómics, Bradbury fue mi primer objetivo. Una versión de El verano del cohete y otra, empezada y nunca acabada, de Ylla. Iban a publicarse en una revista de ciencia ficción que planeamos entre varios amigos adolescentes. Ese número cero sigue en imprenta.

Después me alejé de él, y abracé a otros autores y géneros. Pero nunca me olvido de esas lecturas, tardes enteras a la sombra de una anacua sin nada qué hacer más que leer. La primera emoción de saber que un libro querido ha sido adaptado a la TV. Y la primera decepción por una adaptación que no cumplía con las expectativas, por más que estuviera protagonizada por Rock Hudson.

Y siempre sale al encuentro: Una vez, cuando era más joven, o más bien cuando era joven, me estaba besando con una chica en su casa. Llegaron sus padres de improviso: los oímos subir la escalera. Rápidamente nos sentamos, y para despistar, fingimos que comentábamos un libro. Cogí el primero que tuve al alcance, porque los padres ya venían por el pasillo: era Crónicas Marcianas. No sabía que ella lo tenía; cuando nos veíamos, no hablábamos de literatura. A veces, ni hablábamos.

En fin, ahora se ha muerto y es como si asistiera a los funerales de un viejo conocido. Ayer, María Shiaya comentaba:

La envidio. Quisiera no haber leído aún Vendrán lluvias suaves, ni La tercera expedición, ni El picnic de un millón de años. Quisiera poder leerlos, de nuevo, por primera vez.

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